Entrevista con Bert Daelemans autor de Escritas en Luz
- ¿Qué encontrará el lector en su libro y a quien va dirigido?
El lector encontrará un ensayo sobre (lo más sencillo y, a la vez, asombroso de) lo que significa ser humano, contado por treinta y dos fotografías en blanco y negro. Todas se centran en el ser humano y todas desbordan de humanidad. La mayoría de las personas fotografiadas -ninguna es famosa, salvo unas pocas, y sólo por el hecho de ser fotografiadas- se dedican a alguna actividad sencilla, cotidiana y, tal vez, desapercibida. Hay mucho más lo que revela una fotografía que lo que capta una mirada apresurada. Con tiempo, se descubre mucha verdad y mucha bondad escondidas en la belleza escrita por la luz, según la etimología. Este ensayo va dirigido a cualquier persona con sensibilidad por la belleza de la vida humana con todo lo que conlleva.

- Como especialista en las relaciones entre el arte y la espiritualidad, eje de sus cursos en la Universidad de Comillas en Madrid, qué piensa aporta la fotografía actual a dicha relación.
¿Qué hace grande una fotografía? La humanidad reflejada o revelada en ella. Su misterio captado en ella. Tanto en lo que encuadra como en el modo en que lo capta el fotógrafo. El ser humano es un ser profundo: hay mucha espiritualidad en las grandes fotografías cuando hay mucha humanidad. Esta humanidad es universal cuando se dice en unos gestos sencillos que, sin palabras, comunican lo mejor de lo que somos los unos por los otros: una mirada, un gesto, una actitud.

- Su libro ¿se dirige al lector creyente o puede ser leído por cualquier persona aficionada a la fotografía?
Este ensayo entiende la espiritualidad de modo amplio, por lo cual se dirige a cualquier persona aficionada a la humanidad, si tiene gusto para la fotografía o no. Intenté escribir para cualquier lector que cree (o desea creer) en la humanidad. Contemplar fotografías ayuda a nutrir esta fe en el ser humano. Al fin y al cabo, es lo que captan las mejores fotografías: fe, esperanza y amor en todas sus dimensiones, sobre todo las más desapercibidas. Los fotógrafos nos ayudan a ver lo profundo de lo real, su misterio. Nos lo revelan, pero apenas lo captamos. Las fotografías son como pozos que también exigen que nuestros ojos se adapten a la oscuridad antes de percibir su fondo de luz.

- ¿Por qué elegiste la fotografía que aparecen en la portada?
Esta fotografía expresa muy bien el contenido del libro: entiendo que hay un foco de luz que cae sobre todo ser humano, aunque no se dé cuenta. La fuente de esta luz queda, la mayoría de las veces, fuera del encuadre: es transcendente. En esta fotografía en concreto me impresionó, sobre todo, la mirada concentrada de la protagonista que, fascinada, contempla otra luz, más pequeña, la de la vela. Hay mucha altura en esta fotografía, pero también mucha profundidad, y mucha interioridad. Algo que no se capta a primera vista. En este libro intenté describir esta luz que se escribe entre los pliegues de nuestra existencia.

- Todas las imágenes que has seleccionado son en blanco y negro de los fotógrafos más reconocidos internacionalmente, ¿las fotografías en color se alejarían de la idea que quieres transmitir en tu libro?
Hay una belleza especial en una fotografía en blanco y negro. En todo caso, no fue una decisión muy consciente. Las elegí todas en blanco y negro más bien por armonía y coherencia del conjunto, una vez que empecé con una pequeña selección, pero no creo que el color quitaría algo de profundidad o de humanidad. Por una parte, a lo mejor, el color ofrecería aún más cercanía, no lo sé. Por otra parte, tal vez el blanco y negro les otorgue un toque universal, o incluso solemne.

- En esta obra hay muchas citas de diversos autores y personajes, ¿puede elegir alguna que invite especialmente a la lectura de su libro?
La que elegí como epígrafe al libro, de la escritora Alice Munro, es particularmente expresiva: «La vida de la gente es suficientemente interesante si tú consigues captarla tal cual es: monótona, sencilla, increíble, insondable». Estos cuatro adjetivos dibujan un itinerario que precisamente busqué expresar en este ensayo centrado en la humanidad que todos compartimos. Mucha gente pueda pensar que su propia vida es monótona y (demasiado) sencilla, pero, en realidad, hay tanto que se esconde entre los pliegues de la existencia que la hacen increíble e insondable y, por lo tanto, hermosa e inolvidable. Esta extraordinaria maravilla es la que me llevó a escribir este ensayo. Desde el asombro por el ser humano y su misterio.

- ¿Cuál fue el recorrido que le llevo a relacionar el arte y la fe, y el seguido en la creación de este libro?
No sé de dónde viene, pero me gusta trabajar en las fronteras. Me gusta buscar puentes. Tanto el arte como la fe me han seducido por su belleza. La fe me ayuda a pensarla, el arte a expresarla. Aunque se fructifican mutuamente. Pienso a menudo en lo de Dostoievski, de que la belleza salvará el mundo. Hay un discurso del Papa Francisco donde relaciona el arte y la fe diciendo que ambos no se contentan con ver la realidad: la quieren transformar. Ambos son proféticos en el sentido que nos mueven a desear ser mejores personas, y no sólo a desearlo, sino que nos capacitan a serlo.

- Regálenos un motivo para comenzar a leer Escritas en Luz
Una fotografía es una frontera, una ventana, un umbral y un espejo. Refleja quiénes somos. A menudo, miramos de prisa y no vemos. Los grandes fotógrafos nos enseñan cómo mirar y qué ver. Apuntan a ver más allá. De repente, se nos abre un universo insospechado. Es como si hubiéramos abierto los ojos por primera vez: nacemos de nuevo en un mundo naciente. He aquí una selección de perlas que invitan a mirar de otro modo, más agradecido, nuestras vidas monótonas y cotidianas, pero todas escritas en luz.

Javier de Juan
JdeJ Editores, abril de 2026

























